El curioso caso de Alípio Duarte


Alípio Duarte Brandão nació en Brasil. Con catorce años se fue a Portugal para firmar por un humilde equipo que tiene buen ojo con jóvenes brasileños, el Río Ave. A los dieciséis ya lo representaba Jorge Mendes y ficha por el Real Madrid.

Llegó junto a Álvaro Morata, que vino libre procedente de los juveniles del Getafe. Aquel año un tal Saúl Ñíguez dejaba de ser jugador blanco para irse al Atlético de Madrid. Por su parte, Alípio pronto demostró su calidad y se vio en el césped las razones que habían llevado al Real Madrid a dejarse un buen dinero por un chaval al que le empezaba a asomar la primera pelusilla facial.

Pronto empezó a frecuentar un Castilla dirigido por Lopetegui donde se velocidad y desborde daban un buen resultado como revulsivo en la banda derecha. Parecía que su progresión iba por buen camino hasta que dos años después se iría al Benfica junto a Rodrigo. Se intuye una presión inasumible por el chaval o una mejor adaptación a Portugal que a España.

Como en la película El curioso caso de Benjamin Button, donde un niño nace anciano y con el paso del tiempo va rejuveneciendo hasta morir de bebé, Alípio Duarte va perdiendo capacidad competitiva, creo que hasta la ilusión por jugar al fútbol, cuando deberían de ir en aumento.

Con veintitrés años lejos queda aquel prometedor juvenil que le quitaba una cabeza a Morata, Lucas Vázquez o Dani Carvajal y que algunos llegaron a decir de él que era un nuevo Cristiano Ronaldo. Después del Benfica vendrían dos cesiones, la primera al América de Brasil y la segunda al Sharjah de Emiratos Árabes. Terminaría contrato con el club portugués y firmaría por un año por el Omonia Nikosia chipriota y al año siguiente por el Apollon Smyrnis. El curso pasado confirmó su caída escalonada firmando por el Luverdense de la categoría de plata del fútbol brasileño y desde hace unos días vuelve a ser jugador libre a esperas de cuál será su próximo destino.

Su situación recuerda a la de Keirrison y a buen seguro no es ni será el primer pelotero carioca que le sucede algo parecido. Hace un tiempo, cuando era editor de Notas de fútbol, escribí acerca de Jonathan Soriano cuando firmó por el filial del Barcelona. Aquel post lo titulé El curioso caso de Jonathan Soriano y creo que sobran explicaciones. Además de recibir un mensaje privado de su familia, el tiempo también dio al delantero catalán el reconocimiento que se merece en virtud de su calidad. Espero y deseo que El curioso caso de Alípio Duarte sea preámbulo de algo similar.

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